Entrevista a Claudia Gray (consejos para escritores jóvenes).

Entrevista que le hice a Amy Vincent, mejor conocida como Claudia Gray, autora de la saga Medianoche (Evernight series) en su paso por Guayaquil.

Fue chistoso el hecho que la librería estaba copada de tanta gente, y el enviado del mayor diario nacional se desesperó y se fue sin entrevista. Cuando ya estaban recogiendo todo, me acerqué y le pregunté si podía contestar un par de preguntas para mis estudiantes (algunas de ellas se econtraban ahí haciendo firmar sus libros), lo cual aceptó gustosamente.

Está demás decir que Claudia es un amor de persona.

 

El poema de las cosas.

Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tu sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven…

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se estan yendo siempre, pero que no se van…

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser…

Por más que tu prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son…

Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.

José Ángel Buesa (cubano)

Salto a las estrellas.

 

Estaba en una gran universidad griega antigua, en medio de la nada. El cielo era violeta y llovía levemente. Había grandes y gruesos pilares blancos que se perdían entre las oscuras nubes y escaleras en V invertida, dando a muchas plataformas y muchas habitaciones. Había toda una población estudiantil. Tenía compañeros ahí, pero no los sentía conocidos. Todos eran extraños.

 

De repente me dio por saltar por éstas escaleras, y me di cuenta de que podía flotar en el aire, y con mucha dificultad podía deslizarme a través de él a una altura prudente de unos dos metros. “¡Estoy volando! ésto sólo ha pasado en mis sueños”, pensé. “¡Ahora es real, puedo volar!”

 

Decidí entonces dar un paseo. Con mucho esfuerzo fui deambulando por las habitaciones y los jardines romanos en caricaturezca mímica de nadar en el aire, hasta que paré a tomar un descanso. Pensé que este asunto de flotar en el aire era muy divertido, tanto así, que hizo desaparecer por momentos la depresión por la que estaba pasando.

-Tú puedes hacer mucho más que eso- Escuché detrás de mí.

Era una mujer joven, no le calculaba más de unos 28 o 29 años. Se dirigió hacia mí.

-Sólo las almas que están en sus últimos etapas pueden volar en el plano físico.

-¿Qué quiere decir eso?- pregunté. No sabía quién era ni porqué apareció.

-Quiere decir que estás listo para dejar ésta humanidad, para dar el salto a las estrellas.

-Sigo sin entender. ¿Quién eres tú?

-Por el momento se te hace difícil emprender el vuelo porque estás muy atento a tu cuerpo físico, por eso no puedes elevarte hacia lo ulterior- Me explicaba. -Si de verdad ansías irte, debes subir hasta las estrellas y tu alma se encontrará con el todo.

 

Estaba muy confundido, la sola hipótesis de al fin abandonar éste mundo al que tan ajeno me sentía me daba miedo.

 

-¿Qué sucederá cuando me vaya?- Pregunté. Nunca como en ese momento me parecían tan bonitos los jardines, el cielo nublado, el pasto verde, las columnas perdiéndose en el cielo…

-Sucederá que regresarás a donde perteneces. Y estarás en casa- Me dijo.

 

Tenía en mente tantas preguntas que hacerle, pero para cuando estaba listo para articularlas ya había desaparecido.

 

Entonces sentí un estremecimiento debajo de mis pies, como si mi cuerpo entero estuviese listo y ansioso de partir. ¡Sin pensarlo más dí el salto de mi vida, subiendo de golpe cinco, diez, quince metros, y seguía subiendo! Sentía la violencia del viento en mi rostro, las gotas de llúvia clavándose en mi piel que tanto anhelaba subir, y subir, seguir subiendo lo más alto que pudiese. En la levantada llegué al límite de las nubes, dejando atrás la tormenta y cegando mis ojos ante aquel sol radiante, el aire cada vez más delgado.

 

Mientras seguía ascendiendo violentamente, empecé a sentir un regocijo como ningún otro en mi vida, mi cuerpo empezaba a cosquillear de tal manera que no pude ocultar una sonrisa radiante, de euforia, emoción, ya pronto todo iba a terminar. Empezaba a divisar los puntitos de las estrellas en el azul del cielo, seguía subiendo y volando en vertical. De repente empecé a sentir la fricción de la velocidad, y empecé a notar cómo mi piel iba consumiéndose de a poco en fuego. Pero no ardía, no quemaba, yo seguía subiendo mientras extendía los brazos como quien va a abrazar a alguien, mientras cerraba mis ojos y esbozaba una sonrisa de nostalgia. En cualquier momento terminaría.

 

Mi cuerpo se embulló totalmente en llamas, y sentí un resplandor violeta que iba separándose de a poco de mi piel, de mis brazos mientras llegaba al límite de la estratósfera. En un repentino sacudón me vi totalmente separado de mi cuerpo, como desde los ojos de una tercera persona, pude observar cómo una aurora humanoide se separó completamente de aquel cuerpo que ya no era mío, y que regresaba cayendo a la tierra, con el sonido típico de un trapo lanzado al aire. “Allá va mi cuerpo” pensé, las estrellas, las estrellas… ¡LAS ESTRELLAS!

 

(El emisor ha dejado de existir.)

 

El cielo desde la ciudad.

Bajos, muchos bajos,

Música loca, locos con música,

culturas distantes que hacen eco,

osamentas que vibran

y violines que salpican colores.

La ciudad cosmopolita se llena de luces

y las pistas se encienden, y los cuerpos bailan,

y los espíritus de la euforia deambulan con cada onda

mientras se planea el retorno hacia un nuevo despertar,

para al fin dar la cara al lado oculto del universo

y dar el salto hacia las estrellas.Image

Melancolía.

Ser aquella circunstancia anhelada,
melancolía en la soledad.
como la aurora que ilumina la ventana,
cerrar los ojos llegada la mañana,
y olvidar a la vida y su vanidad.

Ser vanidad y ser agonía,
despertar de un sueño y su beldad.
Vagar sin rumbo por los senderos del día
descubrir vagos vestigios de poesía,
y encontrar los detalles en su vastedad.

Ser vastedad y ser nostalgia,
Pasearse en el crepúsculo de la vieja ciudad.
Se acerca la noche y su negra estancia,
es mirar la luna y su bella gracia,
es mirar las estrellas y perderse en la inmensidad.

Ser inmensidad y ser belleza,
la azul locura regresa carente de piedad.
Escuchar una vieja cancion que embeleza,
llorar cuando se juntan soledad y tristeza,
es prender un cigarrillo en la orilla del mar.

Ser el mar y ser ensueño,
querer escapar del hastio y la cotidianeidad.
como volver a escuchar la melodia de un cello,
por un instante sentir que se emprende vuelo,
y ponerse a soñar en medio de la intimidad.

Ser intimidad y ser poesia,
estar con la amante o estar en soledad.
Es volver a ser uno con la melancolía,
vagar sin rumbo por los senderos del dia,
volver a olvidar a la vida y su vanidad.1041_37501351731_3445_n